Paisajes del Jiloca no solo tiene como finalidad recuperar parcelas de viñedo en proceso de desaparición.
El proyecto es mucho más amplio y profundo que la simple poda y cultivo de viñas abandonadas. Este trabajo también supone beneficios para el ecosistema y para la sociedad, para los que hereden este territorio.
Se inicia como un proyecto de Custodia, con un acuerdo entre los propietarios y la Asociación…y continúa con un cuidado de la biodiversidad de nuestro territorio.
Los ecosistemas más diversos y estables son también los más complejos.
En la cordillera Ibérica los cultivos tradicionales de secano han configurado, desde siempre, un paisaje mosaico de pequeñas parcelas de cereal, leguminosas, vid, almendro… que albergan una notable variedad de comunidades biológicas. Esta es la esencia de la cordillera Ibérica, del valle del Jiloca.
El pajarel (o pardillo común) es el vigía del este Paisaje. Durante el invierno encontramos en las cepas sus viejos nidos, vestigios mudos de su actividad.
Hoy lo presentamos como emblema de nuestra Asociación, de nuestro proyecto, como guardián del Paisaje en mosaico del Jiloca.
Ahora, en pleno invierno, evocamos el calendario vitícola con la llegada de mayo. Las viñas pintan de verde las laderas del Jiloca. De lo alto de una cepa surge un potente canto, muy musical. Es el macho del pajarel (Linaria cannabina). Un pajarico de cabeza gris y manto marrón, con el pecho rojo intenso. No lejos, la hembra incuba en su nido, un cestillo de brozas alojado en el hueco de la cepa, bajo la sombra de las jóvenes hojas. Las tiernas semillas y los brotes de los cardillos y otras hierbas que crecen en la viña, junto con pequeños insectos y arañas, son su alimento. En la vieja viña, encuentran casi todo lo que necesitan. Es su pequeño mundo.
Llega el otoño. Días fríos y cortos. Los pajareles, adultos y jóvenes, se agrupan en bandos que vagabundean por el mosaico agrícola del valle. Se les suman bandadas llegadas de las tierras del Norte. Unos y otros recorren los barbechos y las viñas donde encuentran las diminutas semillas repartidas por el suelo. A lo largo del invierno las irán agotando, tal vez tengan que marchar.
Durante la poda, en la vieja cepa, ahora desnuda, el tiempo deshilacha lentamente las hierbas del nido. Ya falta menos para mayo.
Dibujo. Gonzalo Peña.
Texto. Chabier de Jaime.
Padrinos
